Échele Cabeza

Servicio de Análisis de Sustancias

“Todo es información, menos el conocimiento que nos permite aprovechar la información”.
Fernando Savater

Una opción más para cuidar su salud y la de sus amistades. ¿Sabes lo que te metes?

El proyecto Échele Cabeza cuando se dé en la cabeza empieza la construcción y puesta en marcha de un servicio de análisis de sustancias, con el fin de acercarse más a personas usuarias y brindar información que repercuta en su salud; inicia por fases y pequeños análisis que se irán cualificando con el transcurso del tiempo, como proceso lento pero contundente del que estamos seguros redundará en beneficio de la población consumidora cuando quede consolidado nuestro Sistema de Alertas Tempranas en Sustancias Psicoactivas.

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¿Qué es un Servicio de Análisis de Sustancias (S.A.S.) psicoactivas?

En principio, resulta de suma importancia que un servicio de análisis de sustancias haga parte de un programa de reducción de riesgos y mitigación de daños previamente establecido. Este complemento ha demostrado gran efectividad a la hora de contactar personas consumidoras de SPA que difícilmente se interesarían por otro tipo de propuestas preventivas (Rovira, 2002).

En general, las pruebas realizadas en un S.A.S. se resumen a ensayos químicos o tests que permiten cualificar y cuantificar en diversos grados las sustancias que traen usuarias y usuarios para analizar. La persona debe por lo tanto acceder voluntariamente a dejar una muestra en función de efectuar los respectivos análisis. Se pueden utilizar tests cualitativos (colorimétricos como Marquis, Mandelin, Scott, Mecke, p-dmab) que permitan detectar si se trata o no de una sustancia específica, es decir, si se trata o no de la sustancia que le han vendido.

Este tipo de pruebas y análisis requieren químicos de uso controlado, manipulados por personas expertas, por lo que no se sugiere experimentar o hacer pruebas de manera improvisada.

Otro tipo de ensayos tales como la cromatografía de capa fina (en inglés TLC) pueden utilizarse para detectar y/o caracterizar una mayor cantidad de sustancias, así como la presencia de adulterantes peligrosos.

También es factible emplear técnicas analíticas un poco más complejas que requieren de algunos equipos especializados, como por ejemplo espectrofotometría ultravioleta o cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, las cuales permiten una mayor resolución (separación del contenido de una muestra), una identificación exacta de las sustancias y una cuantificación precisa de los componentes presentes en una muestra.

Imagen Servicio Análisis de SUstancias. Échele Cabeza.

Se podrían establecer tres objetivos o niveles de asesoramiento para un S.A.S., a saber[1]:  

1) Informar a la persona usuaria de la composición que tiene el producto que ha traído para analizar, con el fin de que adapte su consumo al resultado del análisis o decida no consumirlo si es que se ha detectado una composición nociva para la salud. Con esta finalidad se abordan los siguientes temas: efectos y riesgos de la sustancia en cuestión, adulterantes (en caso de no tener un resultado inmediato se puede hablar de cuáles son los adulterantes más frecuentes) y pureza.

2) Transmitir pautas de consumo de la sustancia analizada que sirvan para minimizar los riesgos derivados. En este sentido se asesora, primero, sobre la conveniencia o no de consumir la muestra y, segundo, sobre cómo dosificarla, la vía más conveniente de consumo, la frecuencia de consumo, la conveniencia de consumir si se está siguiendo una medicación, la mezcla con otras drogas, los efectos que va a experimentar si es la primera vez que consume, los riesgos legales, entre otros aspectos.

3) Se puede implementar un asesoramiento más profundo si la persona que realiza la atención tiene las habilidades necesarias y el usuario o la usuaria lo solicita o denota actitud receptiva. Es posible abordar problemas derivados de un consumo concreto, profundizar y orientar en procesos de cambio o remitir a otro servicio donde se puedan tratar problemas más graves, ya sean de tipo adictivo, psicológico o asistencial.


[1] En Protocolo “Atención a personas usuarias del Servicio de Análisis”, según Energy Control.


En cuanto al equipo humano que compone el S.A.S., aparte de las evidentes destrezas y conocimientos que deben tener las personas encargadas de la ejecución de los análisis, son indispensables técnicas y pericias  de conversación.[2] Mediante este bagaje se facilita la obtención de información esencial y motiva a realizar cambios que mejoren las prácticas de consumo de las personas usuarias.[3]

En otras palabras, tales virtudes deben conseguir como objetivo la apertura y el mantenimiento de un canal de comunicación con población usuaria que acude al Servicio.

Para cumplir a cabalidad, con un nivel de calidad y autoexigencia de equipo de trabajo, que permita mantener el S.A.S. en funcionamiento e influya en sus usuarias y usuarios de manera efectiva, se deben generar, revisar y mejorar constantemente protocolos propios, tanto de análisis de las sustancias per se, como del canal de comunicación que se mantienen con dichas personas.


[2] Ibid.

[3] Para ahondar en una serie de guías puede consultar aquí


Se encuentran fuentes acerca de los primeros intentos de implementación de este tipo de servicio desde mediados de los años 80 en la ciudad de Ámsterdam. Posteriormente, en los años 90, organizaciones como el Sistema de Monitoreo de Información sobre Drogas (DIMS) y Energy Control (España) implementan sus propios servicios. Siete países europeos cuentan hoy en día con servicios de análisis de sustancias y alrededor de 14.000 muestras son analizadas cada año[4].

Actualmente, las organizaciones que tienen proyectos que involucran testeo o análisis de sustancias en entornos recreativos, comparten todos sus hallazgos en la base de datos del Trans European Drug Information Project–TEDI (tediproject.org). Estos proyectos son: Ai Laket!! (ailaket.com), Check !n (https://sites.google.com/site/checkinfreemind/), Checkit! (checkyourdrugs.at), DIMS (trimbos.nl/projecten-en-onderzoek/dims), Energy Control (energycontrol.org), Jellinek (jellinek.nl), Modus Vivendi (modusvivendi-be.org), Saferparty.ch (saferparty.ch) y Techno Plus (technoplus.org).


[4] Energy Control, 2012.

Semejante iniciativa transeuropea de información sobre drogas busca articular las experiencias y datos de las organizaciones con servicios de análisis de sustancias, para mantener un sistema de seguimiento e información. Es así como TEDI opera dentro del proyecto Nightlife Empowerment & Well-being Implementation Project–NEWIP (www.safernightlife.org). Este proyecto de “empoderamiento e implementación del bienestar” propone respuestas específicas a los nuevos retos en materia de reducción de daños y promoción de la salud, acudiendo a los lugares de ocio como primeros escenarios de difusión.

¿Existe un SAS en Colombia?

El proyecto Échele Cabeza cuando se dé en la cabeza, implementado desde la Corporación Acción Técnica Social–ATS–, en convenio activo con la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá y apoyado por el Ministerio de Salud y Protección Social, viene trabajando desde 2009 en la búsqueda de oferta y difusión de información  sobre  psicoactivos  legales  e  ilegales; orientada a promover y fortalecer  la capacidad de decisión y respuesta de la juventud frente a su consumo, así como a la generación de hábitos de autocuidado y gestión del riesgo y placer en personas usuarias no problemáticas de Sustancias Psicoactivas (SPA). Dentro de sus estrategias planteadas, se encuentran principalmente las intervenciones en espacios de rumba, entretenimiento y ocio, enfocadas en proporcionar a través del Estand Informativo insumos veraces, concretos y útiles sobre SPA, su relación con comportamientos sexuales así como manejo de conflicto en la fiesta; siempre orientada a la reducción de riesgo y mitigación de daño, esta información se complementa con habilitación de Zona de Recuperación según lo amerite la ocasión.

Se han desarrollado también estrategias comunicativas in situ dentro de escenarios de rumba, entretenimiento y ocio, por medio de equipos de pares ubicados en puntos de información, los cuales tramiten y recolectan información relacionada con rutinas de autocuidado y gestión del riesgo para personas usuarias recreativos de SPA .

A finales de 2012, en coordinación con asesoría técnica de Energy Control, se realizaron unas primeras actividades de capacitación cuyo objetivo era consolidar un equipo de análisis de sustancias que, en articulación con Échele Cabeza, concibiera un Servicio de Análisis de Sustancias S.A.S.

Este servicio de análisis tuvo una primera experiencia directa en Bogotá con personas usuarias de SPA a razón de la fiesta de cierre en marzo de 2013 de la última versión de Bogotrax (bogotrax.com), analizando a través de test de Marquis muestras de pastillas con éxtasis, 2C-B, así como algunas de cocaína mediante ensayo de Scott semicuantitativo.

Se espera que para el mes de julio de 2013 el S.A.S. funcione principalmente con dos mecanismos de atención a población usuaria: fijo y móvil. En el punto de atención fijo, cualquier usuaria/o se desplazará hasta el S.A.S. para aportar su muestra, procurando el equipo de trabajo en el lugar una dinámica de confianza e interacción que permita profundización. En el laboratorio móvil, especialmente diseñado para intervenir eventos, el equipo se coordinará además de manera efectiva articulando información que sea de interés para las personas usuarias, junto con los resultados de análisis realizados en campo.

Así mismo, habrá un espacio virtual para el S.A.S. en donde no sólo se publicarán los resultados periódicamente en una base de datos, acompañado de la generación de un sistema de alertas tempranas (cuando por ejemplo se detecten muestras peligrosas), sino que también será una herramienta de consulta e inclusive de autoevaluación de hábitos de consumo para personas usuarias.

S.A.S. como otra forma de abordar las dinámicas de consumo de sustancias

El Comité de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Farmacodependencia, con su informe N° 34 emitido en 2006, convino en que un servicio de análisis podría contribuir al fomento de la educación e información sobre el uso adecuado de sustancias sujetas a fiscalización[5]. Sin embargo a la fecha dicho Comité limita sus actividades a clasificar las sustancias en alguna de las listas predefinidas (I a IV), según la Convención de 1961 o el Convenio de 1971, en donde esencialmente el criterio aplicado es la similitud referente a abuso y efectos nocivos con otras sustancias ya fiscalizadas[6]. Dicha clasificación se lleva a cabo mediante un examen crítico, realizado en cualquiera de los siguientes casos:

1) Un Estado que suscribe a la Convención de 1961 o en el Convenio de 1971 presenta una notificación relativa a la incorporación de una sustancia en alguna lista.

2) La Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas hace una petición explícita de que se examine una sustancia.

3) Tras el examen preliminar de una sustancia se recomienda un examen crítico, o

4) Se señala a la atención de la OMS información según la cual hay fabricación clandestina de una sustancia que constituye riesgo especialmente grave para la salud pública y la sociedad fuera de no tener utilidad terapéutica reconocida en ningún Estado Miembro.

Si posteriormente se confirman usos terapéuticos de la sustancia en cuestión según cualquier Estado Miembro en relación con el caso 4), la sustancia se someterá a un examen preliminar.

La pregunta frente a esta dinámica sería, ¿existen efectos reales de esta clasificación y reclasificación de las sustancias sujetas a fiscalización sobre la salud pública?

En sentido contrario a las premisas de esta dinámica fiscalizadora-clasificadora, una estrategia mediante la cual se pudieran caracterizar tanto las SPA como las dinámicas de su consumo bajo la ilegalidad, tendría claramente un mayor impacto, primero que todo, sobre dichas dinámicas de consumo y, posteriormente, sobre la salud pública.

En este sentido es que además de obtener información del contenido de la sustancia, los servicios de análisis permiten recepción de información directamente de la persona usuaria, que comparada con otras formas de intervención, como por ejemplo las encuestas sobre consumo o los análisis realizados sobre sustancias incautadas por las autoridades, pueden retratar de manera más fidedigna la dinámica de consumo, generando por lo tanto información que tiene mayor impacto en reducción de  riesgos y mitigación de daños.

De mantenerse la calidad en la atención a la persona usuaria y recolección de información de sustancias a través del S.A.S., puede perfilarse ya no sólo como una herramienta de prevención sino, inclusive, como un mecanismo efectivo de promoción del uso racional de SPA; primero, identificando, luego influyendo positivamente en los tipos de uso irracional, en el volumen de dichos usos y en los motivos por los que se acude de forma irracional a las SPA.


[5] http://whqlibdoc.who.int/trs/WHO_TRS_942_spa.pdf

[6] http://apps.who.int/medicinedocs/pdf/s4898s/s4898s.pdf

Algunas reflexiones acerca de las particularidades del consumo de SPA

Partamos del hecho de que sustancias psicoactivas y uso de sustancias psicoactivas no son lo mismo. Los efectos psicotrópicos inherentes a las sustancias no definen de forma directa prácticas convenientes o inconvenientes que algún individuo tenga frente a esas sustancias. Atribuir los problemas que pueden derivarse de un consumo de SPA a tales características inherentes, es invertir la relación que tiene la persona usuaria con las mismas y, de esta forma, asumir al individuo como ente desprovisto de carácter y juicio.

Una autodeterminación saludable, frente a la decisión de consumir SPA, obedece a un convenio entre el placer y el criterio de la persona usuaria, mientras que dicho convenio únicamente puede resultar exitoso si se cuenta con la información suficiente para tomar decisiones que mantengan las experiencias psicotrópicas dentro de los parámetros de ese convenio.

En el ámbito terapéutico, automedicarse resulta una práctica problemática y la tendencia en la promoción del uso racional de medicamentos consiste en eliminar dicha práctica. En el campo de las SPA, por el contrario, aquella “automedicación” es un principio, y de esta “automedicación” parten todas las demás decisiones que puedan tomarse respecto al consumo de tales sustancias. De igual forma, mientras que en terapéutica se manejan unos regímenes de dosificación permisibles para mantener una cantidad terapéuticamente efectiva en el organismo, en el ámbito de las SPA, lo que el individuo busca al “automedicarse” es cierta cantidad “psicotrópicamente efectiva” (qué tan alterado me quiero sentir) algo que puede, en muchas ocasiones, contravenir lo aceptado en cuanto a niveles de toxicidad y seguridad clínicamente encontrados para estas sustancias.

La balanza del riesgo-beneficio manejada en terapéutica no puede aplicarse del mismo modo a los consumos psicotrópicos. Así como en la automedicación, existen divergencias en otras prácticas análogas. Por ejemplo, entre un/a paciente polimedicado/a y policonsumidor/a de SPA, así como entre el abuso del consumo de ciertos medicamentos (como los antibióticos) en la población que conlleva a complicaciones (como la resistencia de las infecciones) y el abuso por parte de las personas usuarias de SPA, lo cual implica un incremento en su tolerancia.

Queda claro entonces que los problemas del uso irracional de SPA a nivel terapéutico difieren ampliamente de aquellos derivados de su uso recreacional, a pesar que sea desde la clínica y la salud pública que se estén buscando actualmente alternativas, es decir, que existe una perspectiva sesgada, desde un punto de vista clínico, de las prácticas de las personas consumidoras de SPA, en donde se le pronostica o se le prevé como potencial enfermo/a. Y si bien es cierto que la farmacodependencia es claramente un problema clínico, es necesario preguntarse ¿son las prácticas psicotrópicas un asunto de salud pública? A partir de este cuestionamiento podríamos comenzar a discernir qué problemas provienen directamente del consumo de sustancias y qué problemas provienen de las prácticas de consumo bajo la ilegalidad.


 

El presente articulo así como sus versiones impresas se realizaron con la participación de: Vannesa Morris Coordinadora Echele Cabeza, Alejandra Martinez Comunicadora ATS, Julián Molina Quimico Farmacéutico Coordinador del Servicio de Análisis de Sustancias de Échele Cabeza, Cristian Gordillo Sistematización de datos de ATS, Simón Gutierrez diseñador web ATS, Sebastian Rubiano diseñador gráfico, ilustrador y fotógrafo Échele Cabeza. Todos los derechos reservados.

 

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